Lecturas de Interés

Suicidio en niños y adolecentes”
por Rocío
Estela López Orozco.

 

Los suicidios en niños y adolescentes se han incrementado notablemente en los últimos años en nuestro país. De acuerdo con las estadísticas del INEGI, en el año 2001 en el Distrito Federal hubo 269 suicidios en niños y adolescentes, de los cuales 160 se llevaron a cabo recurriendo al método de estrangulación; en cuanto al lugar y hora, 199 se consumaron en la casa del suicida, durante la noche, que es cuando se acentúan los estados melancólicos y depresivos.
A nivel nacional se registraron 3,089 casos, de los cuales el 8.1% corresponde a menores de 15 años de edad.
El suicidio es, en México, la séptima causa de muerte en niños entre los 5 y los 14 años de edad, y la tercera entre los adolescentes.
El sucidio es un comportamiento autodestructivo intencional; sus raíces etimológicas provienen de sui, que significa “a sí”, y caedes: “muerte”; es decir, la muerte dada a sí mismo.
Pese a considerarse como un acto personal, las relaciones sociales son un factor importante en su causalidad, y el suicidio constituye un acto de agresión hacia los demás, ya que en él subyace el deseo de culpar a una persona, a la familia o a la sociedad.
Con base en diversos estudios, se ha encontrado que el comportamiento autodestructivo está relacionado con el estado físico, psíquico y social del sujeto.
Algunos comportamientos comunes en el suicida joven son el aislamiento, la incapacidad para respetar las normas sociales, la imposibilidad de alcanzar metas y la baja autoestima. De acuerdo con Morón (1977), los suicidas consuman el hecho cuando sienten amenazada su posición en la sociedad, cuando no han llegado a la altura de su “deber” o de la imagen que de sí mismos querían dar a otras personas, además de existir una relación significativa entre el consumo de tóxicos y el suicidio.
Entre los factores desencadenantes más comunes están, entre otros, los conflictos con los padres o con compañeros, las bajas calificaciones escolares, los problemas familiares, el abandono y el maltrato infantil.
Existe relación entre la edad del suicida y la elección del instrumento, la modalidad y los motivos que lo desencadenan. En el caso de los menores, interviene su personalidad, el conocimiento que tengan sobre la efectividad del método elegido, el deseo de muerte y los instrumentos a su alcance. Las formas más comunes en que se consuma el suicidio en los niños son golpeándose repetidamente la cabeza contra la pared, autoincendiándose, clavándose tijeras o cuchillos en el pecho, aventándose de edificios o rehusándose a comer. En todos los casos, buscan una salida a una situación conflictiva o traumática.
Diekstra (1987) refiere que para llegar al suicidio, el estado emocional de los adolescentes es el siguiente: tienen un autoconcepto negativo de sí mismos, una expectativa negativa de la comunicación con los demás y carecen de esperanza en lo que respecta al futuro.
Las medidas asistenciales y preventivas deben llevarse a cabo por medio de la familia, la escuela y las amistades; todas ellas integran las redes de apoyo con que puede contar el suicida. Los comportamientos suicidas, desde la ideación hasta las tentativas, deben tomarse con seriedad y canalizarse para su oportuna atención terapéutica.
El comportamiento suicida en niños y adolescentes, así como las tentativas de quitarse la vida, pueden ser una forma de atraer la atención, una señal de alarma para pedir ayuda o comunicar una necesidad, derivada de un deseo de venganza, de culpa o de soledad, con una acentuada agresividad hacia el medio sociofamiliar. Por supuesto, requieren de atención inmediata.
Las tentativas de suicidio en niños y adolescentes se producen como una forma de solucionar sus problemas, porque el ambiente familiar los hace sentir culpables. El sentimiento de desesperanza, de abandono, de incapacidad para afrontar una situación les hace creer que los demás no perciben su necesidad. Si el intento suicida está siendo provocado por una crisis en las relaciones interpersonales, habrá que ver si éstas se modifican después del intento.
Cuando los intentos son reiterados pueden desencadenar en quienes rodean al niño, en vez de una disposición de ayuda, un efecto contrario, de rechazo, por el deterioro que se produce en las relaciones entre él y su familia.
Por ello, la ayuda terapéutica que se proporciona se enfoca paralelamente en el tratamiento tanto al sujeto con ideación y/o tentativas de suicidio como a sus familiares.
En cuanto al apoyo a la familia, el tratamiento se dirige básicamente a la desculpabilización, al análisis de las medidas preventivas para evitar nuevas tentativas, o a la elaboración del duelo en caso de que el suicidio se haya consumado. Las consecuencias que provocan las tentativas de suicidio y el suicidio consumado para el grupo familiar y social son difíciles de determinar, ya que cada persona percibirá el hecho de manera distinta y sufrirá las consecuencias emocionales también de forma diferente. A pesar de que las conductas suicidas generan un fuerte impacto en la familia y amigos, si se hace una revisión del comportamiento del menor en cuestión, se encontrará que las intenciones suicidas se habían manifestado directa o indirectamente con anterioridad; incluso a través de expresiones como “un día me voy a matar” o “quisiera dormirme y no despertar”.
Entre las medidas que se pueden adoptar en los casos en que el niño presente un cuadro claro de intención suicida, están hospitalizarlo, evitar riesgos en su seguridad procurando que siempre permanezca acompañado, retirar todos los objetos que podrían implicar un riesgo y, muy especialmente, someterlo a un tratamiento psicológico tanto individual como familiar.
BIBLIOGRAFÍA:
Escalante, F. y López, R. (2002) Comportamientos preocupantes en niños y adolescentes. México. Editorial Asesor Pedagógico.
Gazzano, A. (1973) Depresión y suicidio en adolescentes. Buenos Aires. Editorial Paidós.
INEGI (2002) Estadísticas de intentos de suicidio y suicidios. Cuaderno No. 8.
Morgan, H. (1983) Deseos de muerte. México. Editorial Fondo de Cultura Económica.
Stengel, E. (1965) Psicología del suicidio y los intentos suicidas. Buenos Aires. Editorial Hormé.SUICIDIO EN NIÑOS Y ADOLESCENTES.