La muerte es un tema del que normalmente
evitamos hablar con los niños; sin embargo, la pérdida
de un familiar o un ser querido puede tener efectos devastadores
en los menores.
Es importante que el niño se "despida" de la
persona que ha fallecido. El adiós está relacionado
con las necesidades y creencias personales, por lo que debemos
ser sensibles y flexibles ante el comportamiento del niño
a consecuencia de la pérdida sufrida. Nuestra respuesta
ante ello, debe ser la de compartir el dolor, el asombro y las
dudas, creando un espacio de seguridad que atienda principalmente
sus necesidades y temores.
La naturaleza de la muerte (si fue por enfermedad, accidente,
homicidio o suicidio) puede afectar de manera diferente a los
menores pero sin duda siempre hay un impacto importante en ellos.
Las reacciones pueden ser variadas pero pueden ser identificadas
a través de su comportamiento. Es común que les
sea difícil de sobrellevar la pérdida, generando
en algunos casos disturbios psicológicos y emocionales
que pueden manifestarse en
1 incapacidad para manejar sentimientos intensos: baja tolerancia
a la frustración, baja capacidad para aceptar con paciencia
las demoras de los demás.
2 tensión crónica: trastornos del sueño,
pesadillas, insomnio, terrores nocturnos
3 dificultad en el manejo de las relaciones interpersonales
4 deficiencias escolares: problemas de atención, concentración,
bajo rendimiento y malas calificaciones o reprobar
5 tendencia a accidentarse.
Además pueden manifestar síntomas de angustia, tales
como
- sensación de vacío/desesperanza: apatía
y desinterés generales
- sufrimiento intenso: lo que incrementa el sentimiento de desesperanza
y la sensación de no ser comprendido
-incapacidad para tener fe: alejamiento o rompimiento con sus
creencias religiosas, que frecuentemente se acompaña por
sentimientos de impotencia y vacío, así como con
la pérdida de confianza en los adultos que lo rodean
- inseguridad
- sentimientos de culpa o vergüenza, que los llevan a pensar
que la muerte del ser querido es el resultado de algo malo que
hicieron o es algo que deben ocultar
- temor ante la muerte: se manifiesta en el miedo que les da irse
a dormir, en tener sueño intranquilo o intermitente, preocuparse
por la muerte, estar de mal humor.
Es común que surjan en el niño cuestionamientos
con respecto a lo que ocurre después de la muerte. Si presenció
el fallecimiento, manifestará sentimientos de vulnerabilidad
e impotencia extrema, que deben necesariamente ser atendidos por
el impacto que provocan.
Es necesario hablar al niño con la verdad para que pueda
enfrentar la realidad de manera gradual, respondiendo siempre
ante la tristeza, temor o confusión tomando en cuenta su
edad y la etapa de desarrollo en la que se encuentra.
Esgrimiendo verdades a medias o mintiendo, se deja al niño
más confundido. Entre más dudas no aclaradas tenga,
acumulará mayor grado de ansiedad, lo que le impedirá
la libre expresión de sentimientos y emociones. Resulta
más saludable para el menor compartir la tristeza y la
confusión, que pretender negarlas. Los niños son
capaces de enfrentar la realidad cuando se maneja en forma simple,
cuando se les explican las cosas de tal manera que puedan entenderlas,
aclarando sus dudas y temores y permitiendo, así, el reconocimiento
de sentimientos dolorosos como algo natural.
Muchas veces los adultos creemos que es nuestro deber proteger
a los niños de experimentar una pérdida, sin darnos
cuenta que les estamos impidiendo expresar su dolor; nos olvidamos
de que ante un hecho tan lamentable como es la muerte de un ser
querido, los niños tienen las mismas necesidades de desahogo
y de ser confortados que los adultos, por lo que les beneficia
participar en las actividades relacionadas con este hecho (velación,
entierro, misas, etc.).
Una vez que el niño ha enfrentado la realidad, necesita
expresar su dolor, lo que es indispensable para que el duelo pueda
experimentarse. No es fácil vivir de cerca el dolor de
un niño; no obstante, es necesario hacerlo para permitirle
sentir alivio.
El duelo es una reacción natural ante la muerte de un ser
querido, por lo que la mayoría de las personas lo resuelven
sin necesidad de ayuda profesional. Cuando éste no se supera,
sí es necesaria la orientación profesional, principalmente
si se presentan algunas de las siguientes manifestaciones:
1 los miembros de la familia son incapaces de comunicarse entre
sí
2 uno o varios miembros de la familia están estancados
en un sentimiento y no pueden funcionar normalmente
3 uno o varios miembros de la familia se sienten atrapados por
las emociones.
La orientación profesional durante el duelo (proporcionada
por especialistas en tanatología) tiene dos funciones principales:
1.- Brindar apoyo emocional y práctico, ayudando al niño
a trabajar su dolor, con el fin de sacarlo de la crisis y capacitarlo
para restablecer una vida significativa
2.- Difundir el conocimiento de la naturaleza de la aflicción
y del duelo, a través de la educación.
El tanatólogo anima al niño a que hable de su pérdida,
expresándole su comprensión sobre el periodo de
desesperación y depresión que está viviendo
a consecuencia de la muerte del ser querido, tranquilizándolo
ante la intensidad de sus emociones, ayudándole a aprender
a controlar y comprender los orígenes de esas emociones.
Sugerencia de lecturas:
Bowlby, John (1993) El vínculo afectivo. Barcelona. Editorial.
Paidós.
Bowlby, John (1986) Formación y pérdida de vínculos
afectivos. Madrid. Editorial Morata.
Bowlby, John (1983) La pérdida afectiva. Buenos Aires.
Editorial Paidós.